La Cierva de Cerinea tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro. Heracles persiguió a la cierva día y noche durante un año sin lograr atraparla, ya que ésta era increíblemente veloz. Al fin, la capturó mientras ésta se paraba a beber agua, atravesándole las dos patas con flechas que sólo traspasaron piel, tendón y hueso, su sangre era veneno, capaz de matar a dioses. Una vez inmovilizada, la capturo y la llevó a que Euristeo la viera.
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